Llueve. Me gusta. Me relaja. Incluso acepto los truenos.
Te echo de menos. Por cierto, ¿te he dicho ya que llueve?
Sé que te hubiera gustado salir a empaparte en esta lluvia tanto como a mí, pero también sé que no te gustarían nada los truenos. En las noches de tormenta odiabas dormir sola y me llamabas para darte calor. Recuerdo tumbarme a tu espalda, abrazarte y contemplar la lluvia caer tras los cristales hasta que te dormías en mis brazos.
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