Tú, la persona que solo con llamarme me pone enferma. El lobo que se quiere hacer pasar por oveja.
Tú, que tanto presumes de que me quieres por ahí, pero NUNCA me lo has dicho.
Esa persona que parece un buenazo, el amigo de sus amigos, “el manitas” de la familia… no tienes un pelo de tonto.
Se podría decir que no has perdido el tiempo, pero te has perdido tantas cosas y te perderás tantas otras…
¿Por qué eres así? No lo entiendo.
No me extraña para nada que parte de tu sangre no me dirija la palabra. Para decir lo que me dices preferiría olvidarte, pensar que jamás formaste parte de mi vida. Lo más triste es que durante mucho tiempo no supe nada de ti y logré evitarte, hasta que regresaste. No sé para que.
La vida bien podría haber sido de color blanco, porque el rosa, tarde o temprano, destiñe.
Que tú y yo solamente compartamos un equipo de fútbol ya no es triste, es vergonzoso. Pero ¿qué puedo esperar de alguien que nunca se ha preocupado por lo que me pasaba, que nunca me ha ayudado cuando necesitaba de su ayuda, que nunca ha estado en los momentos felices de mi vida, que ha provocado la mayoría de los tristes…?
Tú, que tantas veces has hecho lo que no debías, que, sin yo saberlo, me has utilizado como cómplice en tus engaños, que tantas veces te has ido y has vuelto.
No intentes cambiar ahora, ya no tienes tiempo para eso.
No te disfraces de generosidad y promesas que yo sé como eres. Podrás engañar al mundo entero, pero no a mí. Sé demasiado de la vida que has llevado, fui la primera en descubrirlo y aún lo sigo asimilando.
Recuerdo cada detalle, el cómo y el cuándo y, aunque quiero olvidarlo no puedo.
Los disgustos, las sorpresas que me he llevado contigo… han envenenado una ciudad que he tenido y tendré que visitar a menudo. Y he aprendido. He aprendido a disimular, a hacer que me da igual lo que has hecho, lo que sigues haciendo… Pero me callo por no hacer mas daño, me corroe por dentro.
Si pudiera cambiar algo en mi vida, adivina a quien borraría… __
Aún recuerdo aquel año en el que ya no fui al pueblo, en el que el verano se convirtió en un infierno. Alguien se marcho sin despedirse y me mentisteis.
¿Cómo algo que pasó hace tanto tiempo aún sigue quitándome el sueño? Muy fácil. La sola idea de pensar que me crees imbécil, que crees que no entiendo lo que haces, que piensas que me creo tus absurdas mentiras, que tenga que pedirte un beso cada vez que tienes la “amabilidad” de pasarte por aquí, no me gusta nada.
Creo que hoy me he dado cuenta de lo que me pasa contigo. Creo que te odio. No por nada, sólo por tener algún sentimiento por ti. Me da pena tenerte indiferencia.
Tengo envidia a esa gente que tiene alguien en su vida con quien comparte su tiempo y sus aficiones (dos cosas que tú no has tenido nunca conmigo).
Comprendería que alguien cambiara un día conmigo por un segundo con lo que debiste ser tú. A ese que debiste ser tú, le hubiera dado mi amor sincero sin dudarlo, la parte que corresponde a ti está guardada esperando a alguien que de verdad la merezca.
Después de soltar todo esto, un resumen de más de 19 años, espero que cada vez que cuelgue el teléfono no sienta ese dolor absurdo y sordo en el pecho, que ni una lágrima se escape de mis ojos. Valen demasiado para desperdiciarlas por ti.
El día que por fin cierre la boca de todas las personas relacionadas contigo, lloraré de felicidad y de rabia contenida. Ya no tendré que disimular. Dejaré de hacer que me importas, dejaré de soportar tus reproches y advertencias.
Te dejaré por fin y espero no volver a saber nada hasta el día en que abandones definitivamente, hasta que no haya vuelta atrás.
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