Ahora estoy segura de que podré querer y no sólo dejar que me quieran. Se acabó esta filofobia voluntaria en la que me refugiaba para huir del dolor. Ya no hay dolor, ni hay miedo, ni dudas, sólo estoy parada y debo reanudar mi camino.
Y sin embargo ese terror no era miedo, sino una turbación deliciosa, un sentimiento que ninguna mina de piedras preciosas podría inspirarme o convidarme a definir, ni el amor mismo, aunque ese amor fuera el tuyo.
Edgar Allan Poe.

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