Por la ilusión y la competitividad que me aportó no hace mucho tiempo. Por veranos como este en los que intentaba imitar su juego con mi balón de los 20 duros, por todas esas patadas recibidas en el patio del cole, por esa rabia con la que corría decidida hacía la portería, por ese gol que parecía imposible y fue.
Porque no es un adiós, aunque hayan pasado 16 años desde el comienzo.
El tiempo pasa para todos, es inevitable. Para mí también.
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