16 jul 2010

Un mes de junio cualquiera

¡Te eché tanto de menos aquellos primeros días!
hubiera dado casi cualquier cosa por abrazarte,
quería sentirte cerca de mí, olerte.
Jamás pisé tu hábitat pero te acaricie hasta el amanecer.
Una noche te dormiste en mi regazo como un cachorro
mientras yo velaba tu sueño.
¡Oh, ángel de la inocencia!
Ojalá pudiera volver a oír tus maullidos a mi espalda una vez más.
¡Regalo para mis oídos!
Lástima no haber podido parar el tiempo,
hubiera sido una dulce tortura.
Me duermo pensando en esos ojos verdes
y en medio de la noche me despierta el eco de tus latidos
olvidados en aquel salón.

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