Sigo planeando mi vida lejos de aquí,
sigo soñando contigo y despertando sin ti.
No he cambiado tanto,
el sol sigue aclarando mi pelo y tostando mi piel.
Sigo ardiendo en el infierno y aún me baño en el río aquel.
Soy la de siempre,
sigo siendo aquella niña que algún día fui,
a la que persiguen los mejores precios del Mercadona,
la adolescente vaga abonada a septiembre,
quien se duerme a la alborada y se despierta al mediodía.
Soy una persona, cuyo nombre no sé escribirá jamás en la historia,
un alma atormentada; una ameba reflexiva...
Yo, al fin y al cabo, con mis cosas buenas y mis muchos defectos.
Así seré siempre.
Al final de esta composición no te echaré de menos
(tampoco lo hacía al principio, sé que los demonios no son buenos)
Ahora ya puedo afirmar sin miedo a equivocarme,
que tomé una decisión precipitada, no equivocada.
Me daba miedo llegar tarde, como siempre, y perder el tren.
Aún seguiré esperando el día en que pueda bailar sin vergüenza,
aún espero morirme sin ella,
pero ya tengo la carta jamás escrita gracias a mi Amélie.
Ya tengo lo que necesitaba,
y no soy feliz.
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